De camino a la ventana de mi habitación, empecé a recordar las noches en las que la luna llena, majestuosa, se encontraba en el firmamento y conseguía mantenerme atrapada durante horas.
También pensé en aquellas noches en las que llovía y era el incesante caer de las gotas de agua lo que me embelesaba por completo. También me gustaba observar aquellas gotitas que chocaban contra el cristal y permanecían allí, prácticamente inmóviles, hasta que alguna de ellas, tímidamente, comenzaba a moverse fusionándose con otras e iban deslizándose hasta que, finalmente, cogían fuerza y se precipitaban hasta que mi vista ya no las podía alcanzar.
Otras noches hacía tanto frío que el cristal permanecía empañado haciendo imposible la vista al exterior. En estos días , me limitaba a pasar mis dedos por el filo de la ventana hasta que mis manos estaban más frías que de costumbre.
Y, desde hace un tiempo, el cielo permanace nublado, y, por más que pueda contemplarlo sin problemas , nada me invita a quedarme allí...
Finalmente llegué a mi ventana y pude comprobar que la noche no era como ninguna de las anteriores. El cielo continuaba nublado, pero algunas nubes se habían apartado dejando paso a un grupo de estrellas que brillaban con aire esperanzador. Las contemplé durante horas. Sabía que eran inalcanzables y que jamás optaría a una de ellas, aún así, había podido disfrutar de su belleza y esa idea me hizo sonreir. Y, de esa manera, permanecí allí hasta que las primeras luces del alba comenzaron a apagarlas.
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ResponderEliminaroptaría por borrar el comentario anterior, si fuese tu.
ResponderEliminarMuy bonito :D
Leñe! No lo había visto! Es que, como ya te dije el otro día, llevo unos días sin ordenador...
ResponderEliminarEn fín, muy triste que la gente lea los blogs solo para decir eso.
GRACIAS! :)