
Hace algo más de un año me propuse un reto. Quería quitarme un peso de encima y acabar con algo que me limitaba enormemente, pero que nunca me había decidido a hacer por el enorme esfuerzo que conllevaba. Estaba cansada de desaprovechar mis oportunidades diarias, de dejar pasar a personas que me hacían felíz por este motivo. Y lo peor, estaba cansada de no poder contar lo que me pasaba por miedo a no ser entendida.
Una tarde, a causa de este problema, fuí consciente de que acababa de perder a una persona valiosísima en mi vida. Me dí cuenta de la cantidad de cosas que estaba permitiendo que pasasen por delante mientras yo me limitaba a quejarme, llorar y sostener tristemente un cuenco con cereales.
En ese momento me decidí a pasar a la acción. Me propuse acabar con mi problema, y para ello tracé un plan. Tenía que conseguir mi objetivo y, además, ahorrar todo el dinero que pudiera hasta que mi meta fuese alcanzada, en ese momento, cogería todo lo ahorrado y me premiaría comprando algo que deseara muchísimo.
Para ello , dejé de permitirme caprichos. Si iba al cine, pagaba la entrada pero no compraba nada más. Si iba a cenar, cenaba pero no tomaba nada después. Gastaba lo estrictamente necesario, todo lo demás era ahorrado (a excepción de algún gasto en regalos de cumpleaños :))
Se hizo duro el intentar vencer mi problema, y se hizo duro el privarme de tantas cosas que me apetecían, pero todo merecía la pena si pensaba en mi meta y en el enorme premio que la acompañaría.
Bien, a día de hoy estoy muy cerca de alcanzar mi objetivo, así que decidí comprobar cuanto dinero tenía para empezar a pensar en mi bien merecido premio. Para mi desgracia, alguien se me había adelantado y había robado la mayoría del dinero (no se quien ni en que momento) Me he pasado la mayor parte del día llorando, pensando en que, como siempre que me esfuerzo, alguien llega y chafa todo lo que tanto me ha costado hacer. Llevaba cosa de un año ahorrando poquito a poquito y me encuentro con que tengo 40 míseros euros. Podría tener muchísimas cosas de las que me he privado y me encuentro sin nada. Estoy cansada de la gente que cree que el mundo es suyo y coge lo que no le pertenece. Ese dinero no era simplemente dinero, era el premio a algo que me había costado el mayor esfuerzo que jamás he hecho en mi vida, y me han dejado con las manos vacías. Otra vez más me han demostrado que no vale la pena esforzarse.
