jueves, 8 de julio de 2010

Frustración


Hace algo más de un año me propuse un reto. Quería quitarme un peso de encima y acabar con algo que me limitaba enormemente, pero que nunca me había decidido a hacer por el enorme esfuerzo que conllevaba. Estaba cansada de desaprovechar mis oportunidades diarias, de dejar pasar a personas que me hacían felíz por este motivo. Y lo peor, estaba cansada de no poder contar lo que me pasaba por miedo a no ser entendida.

Una tarde, a causa de este problema, fuí consciente de que acababa de perder a una persona valiosísima en mi vida. Me dí cuenta de la cantidad de cosas que estaba permitiendo que pasasen por delante mientras yo me limitaba a quejarme, llorar y sostener tristemente un cuenco con cereales.
En ese momento me decidí a pasar a la acción. Me propuse acabar con mi problema, y para ello tracé un plan. Tenía que conseguir mi objetivo y, además, ahorrar todo el dinero que pudiera hasta que mi meta fuese alcanzada, en ese momento, cogería todo lo ahorrado y me premiaría comprando algo que deseara muchísimo.
Para ello , dejé de permitirme caprichos. Si iba al cine, pagaba la entrada pero no compraba nada más. Si iba a cenar, cenaba pero no tomaba nada después. Gastaba lo estrictamente necesario, todo lo demás era ahorrado (a excepción de algún gasto en regalos de cumpleaños :))
Se hizo duro el intentar vencer mi problema, y se hizo duro el privarme de tantas cosas que me apetecían, pero todo merecía la pena si pensaba en mi meta y en el enorme premio que la acompañaría.

Bien, a día de hoy estoy muy cerca de alcanzar mi objetivo, así que decidí comprobar cuanto dinero tenía para empezar a pensar en mi bien merecido premio. Para mi desgracia, alguien se me había adelantado y había robado la mayoría del dinero (no se quien ni en que momento) Me he pasado la mayor parte del día llorando, pensando en que, como siempre que me esfuerzo, alguien llega y chafa todo lo que tanto me ha costado hacer. Llevaba cosa de un año ahorrando poquito a poquito y me encuentro con que tengo 40 míseros euros. Podría tener muchísimas cosas de las que me he privado y me encuentro sin nada. Estoy cansada de la gente que cree que el mundo es suyo y coge lo que no le pertenece. Ese dinero no era simplemente dinero, era el premio a algo que me había costado el mayor esfuerzo que jamás he hecho en mi vida, y me han dejado con las manos vacías. Otra vez más me han demostrado que no vale la pena esforzarse.

miércoles, 2 de junio de 2010

Entrada/Salida


Quizás el problema no sea la gente que entra en nuestra vida, sino la que se va por la puerta de atrás sin decir nada...

jueves, 27 de mayo de 2010

Porque sé que, a veces, cuesta comprenderme

No es que tenga miedo. Es que esta vez, prefiero no equivocarme en el comienzo. Puedes pensar que me deshielo poco a poco, que pienso mucho, que siento menos. Puedes pensar lo que quieras; pero no quieras dejar de creer en mí.
No es que tenga miedo. Me estoy dando tiempo para estar firme y no volver a caer. No pienses que me alejo. La distancia de tu boca a mis besos no se mide en metros, yo alcanzo a tocar tus labios cada vez que suspiro.
No es que tenga miedo, es que prefiero no cometer error. Prefiero no decir nada que te dé vida hoy, y te la quite mañana. Lo mismo para mí.
No es que tenga miedo, es que prefiero no sufrir...

lunes, 10 de mayo de 2010

Lobos con piel de cordero

Nunca te fies de las apariencias que transmite una persona, porque puede que, incluso después de conocerla, la persona más dulce y maravillosa se convierta en tu peor pesadilla.

Nada es lo que parece ser en este mundo, y mucha gente acaba decepcionándonos. Una parte de mí siente lástima de ello, otra, en cambio, se siente agradecida por haber podido ver su verdadera cara sin disfraz, por descubrir al final del camino las verdaderas intenciones de algunas de estas personas.

A pesar de todo, sigo siendo consciente de que aun quedan muchas máscaras por quitar y muchas verdades que desvelar. Y que, tanto a mi alrededor como al de todos, hay muchos lobos disfrazados de corderos.

A fin de cuentas, todo está en los cuentos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Simplemente...

Te lo explicaré de un modo más gráfico...

Cuando coges un folio y lo arrugas convirtiéndolo en una pelotita y, seguidamente, lo vuelves a estirar, no queda liso como al principio, ¿no?

Pues con las personas pasa exactamente lo mismo. Si te hicieron daño, formará parte de tu vida siempre, al igual que las arrugas en dicho folio.

Y asi, llegué a la conclusión de que, a veces, actúo con ciertos comportamientos o pienso de determinada manera, debido a ciertas circunstancias que, en un pasado cercano o no, me hacen recordar que hicieron de mi una pelotita de papel...

domingo, 14 de febrero de 2010

Hoy es uno de esos días

Es de esos días en que, aunque no haya ocurrido nada fuera de lo común y la vida siga su curso tal cual, tú te sientes más cansado, más triste.

De esos momentos en los que sabías que tantos días de subidón se cobrarían con una tarde como la que se avecina. Tardes en las que no quieres pensar, pero no puedes dejar de hacerlo... Te quedas tumbada en la cama y las paredes parecen más angostas. Si sales a la calle, te asfixia el frío. Los ojos se te humedecen y no es por el helor. Tienes el nudo en la garganta y, ¿por qué? Pues por nada en especial, por que hoy es hoy y tu cuerpo ha decidido que se merece un descanso. Que de vez en cuando tiene que caer hasta el fondo para volver a subir.

Hoy es uno de esos días en que todo lo ves negro y que aunque te digas que has de ver blanco, solo vas a ver un panel oscuro ante tus ojos...
No merece la pena estar mal por nada, pero, evidentemente, es incotrolable.

Suerte que se pasa, o, al menos, eso dicen.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Verdad verdadera.

"Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que uno se avergüenza, porque las palabras las degradan. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Claro que eso no es todo, ¿verdad? Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos, como marcas hacia un tesoro que los enemigos ansiaran robarnos. Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos sólo con la mirada extrañada de la gente que no entiende en absoluto lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante como para que casi se nos quiebre la voz al contarlo. Creo que eso es precisamente lo peor. Que el secreto lo siga siendo, no por falta de un narrador, sino por falta de un oyente comprensivo.


Stephen King. "El cuerpo".