Es de esos días en que, aunque no haya ocurrido nada fuera de lo común y la vida siga su curso tal cual, tú te sientes más cansado, más triste.
De esos momentos en los que sabías que tantos días de subidón se cobrarían con una tarde como la que se avecina. Tardes en las que no quieres pensar, pero no puedes dejar de hacerlo... Te quedas tumbada en la cama y las paredes parecen más angostas. Si sales a la calle, te asfixia el frío. Los ojos se te humedecen y no es por el helor. Tienes el nudo en la garganta y, ¿por qué? Pues por nada en especial, por que hoy es hoy y tu cuerpo ha decidido que se merece un descanso. Que de vez en cuando tiene que caer hasta el fondo para volver a subir.
Hoy es uno de esos días en que todo lo ves negro y que aunque te digas que has de ver blanco, solo vas a ver un panel oscuro ante tus ojos...
No merece la pena estar mal por nada, pero, evidentemente, es incotrolable.
Suerte que se pasa, o, al menos, eso dicen.
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